No no y no
A eso de los 11 añitos, empecé a darme cuenta que yo no era una persona normal, no como el resto de los chicos de mi edad. Mis gustos eran diferentes, me interesaba por cosas que no me correspondían, cosas que no eran de “machos”. Finalmente, sin más remedio dije si, hay algo que no está bien en mí, pero nadie lo tiene que saber. En esa etapa, en plena juventud, además de lidiar con asuntos familiares, escolares, traumas y dilemas existenciales, emprendí una lucha de desprecio por mí y contra mí. Y es que era un secreto gigantesco, que no podía contar, era un pedazo de mierda que se atoraba entre mi garganta y mi corazón. No tenía la valentía ni la fuerza suficiente para luchar en contra del que dirán. En la medida que fui creciendo, llegaron personas nuevas, experiencias distintas y sensaciones que yo desconocía, entonces me di cuenta que yo no era el único con esa condición. En ese momento, decidí por primera vez contarle mi gran secreto a alguien más. Lo hice y descansé...