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Volví a ver el amanecer

  El 28 y el 29 de diciembre, fueron los días en los que realmente sentí que toqué fondo, y lo único que pude hacer fue escribir. Después de eso, pedir ayuda no fue necesario, porque mi familia y mis amigos se pusieron al tanto, y se han encargado de rodearme con su amor para ayudarme a ponerle un nuevo color a este capítulo de mi vida y de alguna manera salir de ese lapso de depresión. Hoy, un par de semanas después, me siento honrado y agradecido al poder decir que escribir me salvó la vida , una vez más. Además varias personas se han comunicado conmigo, algunas para agradecerme por expresarme y poner sobre la mesa un tema del que nadie habla, otras simplemente para empatizar, y algunas otras para contarme que se sienten igual, y que no saben qué hacer. Eso inevitablemente me hace cuestionarme, porque me da mucha tristeza ver que hay quienes que tal vez no son tan afortunadas como yo, porque no saben que están deprimidas, porque no saben cómo pedir ayuda, o porque simplemente est...

¿Qué sentido tiene estar vivo?

Después de afrontar varias depresiones, puedo decir que uno de los síntomas principales de esta enfermedad, de la cuál estoy tratando de curarme, es sentir que la vida no tiene sentido . Eso me sucedió en ese periodo que denominamos ‘ la crisis de los treinta', y desde entonces es un tema que sigue estando abierto, una pregunta que inevitablemente pone al que se la haga en un plano existencial, que más allá de lo romántico o filosófico, puede resultar siendo ciertamente desalentador dado el mundo en el que vivimos. Si lo que digo suena subjetivo y catastrófico, debe ser porque realmente me siento un poco cansado de la humanidad . ¿Cómo es posible que uno reciba los golpes más fuertes por parte de los seres que más ama? ¿Cómo es posible que haya tanta guerra? ¿Cómo es posible que tengamos nuestro planeta en tan malas condiciones? ¿Cómo es posible que la gente vaya tan ciega por el mundo? ¿Cómo es posible que uno decida vivir y soportar una vida tan llena de cosas malas? Sí, yo sé q...

La depresión no es ningún cuento

Me cuesta entender con precisión cuánto tiempo llevo así. Probablemente un par de semanas, o un par de meses, o un par de años. Por eso me siento en el deber y la responsabilidad, — por mi, por las personas a las que les importo y sobre todo por quienes tal vez estén pasando por lo mismo y necesitan saber que alguien les entiende — de escribir para de alguna manera exteriorizar, procesar, explicar, mostrar, evidenciar (o el verbo que prefieran emplear), cómo me siento en este momento de mi vida. Pero antes de hablar de mi y mis sentimientos, quiero poner un contexto, especialmente para aquellas personas que piensan que la depresión es “puro show” o una manera de llamar la atención, porque sí, se trata de una enfermedad, una igual de grave a cualquier otra, que debe ser tratada con el mismo cuidado y respeto: “De acuerdo con la Organización Mundial de la Salud (OMS), alrededor de 2,5 millones de personas en Colombia, es decir, el 4,7% de la población, sufren de depresión . Esto es u...

La gran historia de Dona

Cuando tenía 15 años yo era un pelado con muchos sueños y unas ganas infinitas de hacer las cosas bien. Sin embargo, a pesar de eso, mi juventud estuvo muy nublada por una serie de carencias, ausencias e incertidumbres que durante mucho tiempo me impidieron crear relaciones amistosas verdaderas. Pese a mi intranquilidad, mis dudas, mi inconformidad y mis miedos, mi juventud también estuvo llena de buenos recuerdos, y uno de ellos, uno de los más lindos, sucedió justo el 25 de noviembre del 2008, el día en que nació uno de los seres más hermosos que he conocido. Mi perrita Tana, que para ese momento tenía alrededor de 2 años, iba a ser mamá. Aunque yo ya sabía lo que iba a suceder, jamás imaginé ser testigo de un momento tan único y especial. Eran como las seis de la mañana cuando de repente un ruido me despertó (cosa que no es para nada fácil); se trataba de un chillido, de un cachorro, una vida que había llegado a mi cama mientras yo dormía. Lo primero que hice fue levantarme como loc...

Una copa de vino blanco

  De tanto amores embriagantes ya me emborraché Uno tras otro, shot tras shot Se me pasaron las noches perdiendo la cabeza. Me levanté mil veces al día siguiente sin saber qué fue lo que pasó Con la cabeza revuelta de pasión y dolor Con sabor amargo en la boca, un sabor entre derrota y resaca. De esos amores de copas pequeñas y tragos amargos que emborrachan yo ya me cansé Y quiero cambiar la botella de aguardiente por una de vino blanco, vino blanco y frío. Qué tal una botella, que nos bebamos copa a copa, mientras hablamos, mientras reímos, mientras disfrutamos. Qué tal una botella, que nos sepa a gloria, que nos permita conocernos, que nos acompañe a disfrutarnos, que nos permita querernos. Qué tal una botella que nos haga pensar  que estamos bien, que estemos mejor. Qué tal una botella que no nos cause tanta resaca... Porque lo siento caballeros, pero yo ya no me quiero emborrachar.

A la tristeza

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  Voy a tomar esta tristeza Para transformarla en canción O en poesía O en una carta de despedida O en una maratón Voy a hacer que esta tristeza salga de mi Como agua que baja de la montaña  Como lava de volcán Como aire caliente que sale de la boca Como un adiós Voy a convertir esta tristeza Para que ya no me estorbe más Para que no me siga rompiendo en pedacitos Para que descanse en paz ella y yo. Voy a abrazar tiernamente a esta tristeza,  para luego soltarla y dejarla ir. Y a ti también... Camilo Ramírez Hurtado.

Young dreamers

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Una noche, de la nada, como suele hacerlo, Camilo me llamó y me dijo: - Oiga, fulano de tal está aprendiendo a tatuar y ¡ya compró máquina! Dice que nos cobra 10 mil, ¿nos tatuamos algo los dos? En ese momento seguramente no imaginábamos que esa iba a ser la primera de muchas veces juntos. Tal vez nuestras almas ya se conocían de antes y por eso no hubo duda que impidiera que marcaramos nuestros cuerpos con una huella imborrable, que nos recordaría para toda la vida nuestra juventud, nuestras ganas de vivir, nuestras amistad. No lo pensé dos veces y le dije “hágale”, sin saber que repetiríamos tantas veces esa misma palabra, esa que nos ha llevado a vivir las mejores experiencias, los momentos más vergonzosos, las fiestas, las locuras, los viajes inesperados, los primeros amores y los desamores también, y todas esas cosas que uno puede vivir en una juventud tan acelerada y divertida como la nuestra. Me es fácil devolverme en el tiempo y recordar esa noche en la que nos ...