Entre el blanco y el negro
Tenías calor, con el borde de tus pies sacaste de la cama las sábanas blancas que te protegieron toda la noche. Cayeron al piso y yo estaba ahí, escondido entre una de las tantas arrugas de ese pedazo de tela. Me caí, me golpee, me volví una mierda y tu seguías ahí, como si nada, durmiendo plácidamente. Me dio rabia, mucha rabia, y entonces quise dejar de ser un insecto chupasangre para convertirme en una bestia, una de esas que hipnotiza con la mirada y que ruge, ruge fuerte, sentenciando a sus presas, devorándolos con todo su ser. Cuando subí a la cama nuevamente ya era una pantera. El negro de mi pelaje contrastaba perfectamente con tu piel clara y tus condenadas sábanas blancas. Te mire por un largo rato y tuve la valentía de abstenerme. Si te hubiese tocado estarías ya en medio de la muerte, desgarrada, rota por culpa de mis garras sucias. Estaba enjaulado, así me sentía cuando daba vueltas por toda la habitación. Era incapaz de irme, al pensar que al desp...