Diario de campo: primera parte
Media noche. Mi cama. Mis perritas arrunchadas en mi pecho. Música deliciosa. Luz apagada. El corazón acelerado. Silencio. Felicidad. Plenitud. Agradecimiento. Eso es lo que hay. Cierro los ojos y me sumerjo en un universo nuevo, una tierra lejana del mundo que se está creando por culpa de este par de locos que dicen adorarse. Deje de ser un man normal para convertirme en una pulga, la más cursi y consentida de todas, y pues sí, que oso, pero debo decir que se siente muy bien. En este universo que es solo nuestro, de los dos, no hay un día sin sonrisas, sin carcajadas, sin chistes estúpidos y encantadores. No hay dolores de cabeza, no hay incertidumbres, no hay más habitantes. Hay agüita para nadar *guiño*, hamburguesas y gaseosas por montones. Hay cariño, de ese que se ve, se siente, se toca, que no se pone en duda. Hay una pulga y un ratón que simplemente son felices. Y salimos por ahí, comemos, reímos, bailamos, hablamos, nos besamos, nos abrazamos, engordamos, nos ...