Mi cometa



Un día compré una cometa. Al principio no sabía que tan buena era, que me podía ofrecer o mejor que podía yo esperar, sin embargo siempre la tuve ahí, bajo mi cuidado. Le tomé confianza y un tris de cariño. Finalmente la había comprado porque me parecía muy bonita.

Poco a poco el viento empezó a soplar, la cometa sin pedir permiso empezó a alzar vuelo y yo simplemente la dejé. Le di cuerda de a poquitos y ella voló y voló. Algunas veces me quemaba las manos con la pita, nada grave, pero nada agradable. El cariño fue creciendo y me enamoré, me tragué de mi cometa y ella seguía por allá, volando en lo alto.

Así como aumentaba mi amor por la cometa, mis manos se quemaban con más frecuencia, y ella me pedía más y más cuerda. Pero no, ya no hubo más, se acabó. Tuve dos opciones: la primera fue bajarla de a poquitos, y cogerla nuevamente para luego, en otra oportunidad, echarla a volar. La segunda era simple y sencilla, desprenderme, soltarla y dejarla allá, en lo alto sin saber donde iba a caer.

La primera opción era un retroceso, era como volver a comenzar pero esta vez con las manos demasiado dañadas. La segunda era alejarme de una de las cosas que más amaba en ese momento de mi vida. Sin embargo pensé en una tercera alternativa. Ahora estoy buscando un poco más de pita para añadir…

El amor es como el viento, yo soy solo un hombre, tu mi cometa favorita.


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