Jugo de hombre
Hoy quiero contar un cuento muy extraño. Se trata del amigo de un amigo que tengo en mi universo paralelo: El sujeto tenía 20 años. Sabía que era una hueva que escribía huevonadas, un cagonsito disque rebelde que creía tener la razón de todo, con un ego inquebrantable, con propósitos corrientes y normales como los de cualquier otro young dreamer, pero a pesar de todo con ambición, mucha ambición. El pelado se creía inteligente, calculaba movimientos que al ejecutarlos se le veían bien. Estaba medio loco pero esa locura le lucía. Era de esos que pensaba una cosa y de repente cambiaba de opinión. Era indeciso, impaciente, acelerado, extrovertido e irreverente. Era alto, pero no era su estatura lo que le permitía tocar el cielo con las manos sin zafarse del suelo, era su flexibllidad. Andaba por ahí, suelto, sin rumbo. Buscaba el amor en redes sociales, bares, calles, buses, perfiles falsos. Tenía afán y sed de amor, lo peor o lo mejor es que nunca...