Young dreamers
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- Oiga, fulano de tal está aprendiendo a tatuar y ¡ya compró máquina!
Dice que nos cobra 10 mil, ¿nos tatuamos algo los dos?
En ese momento seguramente no imaginábamos que esa iba a ser la primera de muchas veces juntos. Tal vez nuestras almas ya se conocían de antes y por eso no hubo duda que impidiera que marcaramos nuestros cuerpos con una huella imborrable, que nos recordaría para toda la vida nuestra juventud, nuestras ganas de vivir, nuestras amistad.
No lo pensé dos veces y le dije “hágale”, sin saber que repetiríamos tantas veces esa misma palabra, esa que nos ha llevado a vivir las mejores experiencias, los momentos más vergonzosos, las fiestas, las locuras, los viajes inesperados, los primeros amores y los desamores también, y todas esas cosas que uno puede vivir en una juventud tan acelerada y divertida como la nuestra.

Me es fácil devolverme en el tiempo y recordar esa noche en la que nos volvimos amigos. Aún lo veo venir, caminando con su paso tan ligero, tan en paz con esta puta vida, tan lleno de bondad. Cada vez que pienso en ese momento se me infla el pecho de una mezcla extraña de sentimientos, entre alegría y orgullo por saber que desde entonces jamás hemos dejado de ser amigos y al mismo tiempo una nostalgia tierna que me hace extrañar tanto esa juventud y que me causa unas ganas enormes de querer detener el tiempo.
Y es que no es para menos cuando se trata de una persona tan especial como el Gordo, el niño atrapado en el cuerpo de un hombre quien me ha enseñado que, como nosotros decimos siempre, “los amigos son la familia que uno escoge”, el que me ha dado las muestras más grandes de bondad y generosidad, el que me ha brindado ayuda en los momentos en los que ni siquiera yo mismo sé que lo necesito.
Cuando por fin abrí la puerta del closet, Camilo estuvo ahí, en primera fila, y desde entonces se ha encargado de descubrir el mundo junto a mi, yendo siempre un paso más adelante, cuidándome, advirtiéndome que el fuego quema aún sabiendo que en algún momento meteré la mano y me quemaré y el me dirá “se lo dije, ¡pero es que usted es un terco!”.
Ese ser me ha sorprendido con una cualidad que valoro más que nada en este mundo, esa de procurar que todo el que lo rodee esté cómodo, bien, feliz. Camilo es el tipo de personas que da lo que no tiene para que quienes tenemos el honor de ser parte de su vida, estemos bien, y eso es algo de lo que todos deberíamos aprender.
Estoy seguro que si en este momento decidiera reunir a todas las personas que han pasado por su vida, coincidiríamos en el hecho de recordarlo con amor y alegría, porque eso es justo lo que él está acostumbrado a dar. Prueba de ello es que él siendo tal él, y yo siendo tan yo, hemos creado un vínculo más grande que nosotros, en el que no importan nuestras radicales formas de ver la vida, ni nuestros gustos, ni nuestras actitudes o personalidades.
Cuando por fin abrí la puerta del closet, Camilo estuvo ahí, en primera fila, y desde entonces se ha encargado de descubrir el mundo junto a mi, yendo siempre un paso más adelante, cuidándome, advirtiéndome que el fuego quema aún sabiendo que en algún momento meteré la mano y me quemaré y el me dirá “se lo dije, ¡pero es que usted es un terco!”.
Ese ser me ha sorprendido con una cualidad que valoro más que nada en este mundo, esa de procurar que todo el que lo rodee esté cómodo, bien, feliz. Camilo es el tipo de personas que da lo que no tiene para que quienes tenemos el honor de ser parte de su vida, estemos bien, y eso es algo de lo que todos deberíamos aprender.
Estoy seguro que si en este momento decidiera reunir a todas las personas que han pasado por su vida, coincidiríamos en el hecho de recordarlo con amor y alegría, porque eso es justo lo que él está acostumbrado a dar. Prueba de ello es que él siendo tal él, y yo siendo tan yo, hemos creado un vínculo más grande que nosotros, en el que no importan nuestras radicales formas de ver la vida, ni nuestros gustos, ni nuestras actitudes o personalidades.
Aunque podría pasarme días enteros escribiendo sobre él y su maravillosa forma de ver la vida, sobre todas nuestras anécdotas, sobre lo maravilloso que fue encontrarlo en mi camino, por hoy solo quiero agradecerle al universo por su vida y por la maravillosa oportunidad de coincidir. No tengo ninguna expectativa pero tampoco dudas de que vendrán muchas vidas más juntos. Sé que nuestros caminos siempre serán paralelos y que seguiremos creciendo y haciendo lo que nos da la gana, como nos gusta.
Hoy tengo la fortuna de decir una vez más ¡feliz cumpleaños al mejor amigo que la vida me ha podido dar! Lo amo con todas las fuerzas de mi corazón y solo le pido una cosa: nunca me suelte, porque aunque no lo necesite para vivir, quiero seguir vivo para necesitarlo.


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