Juan Fe



Hace 16 años y unos meses, mi hermana se enteró de que estaba embarazada. La noticia nos tomó a todos por sorpresa, teniendo en cuenta de que ella era una “niña ejemplar”, una niña que a sus 18 años iba a ser mamá, y que irrumpiría sorpresivamente con todos los estúpidos esquemas basados en lo tradicional y lo aparente que le inculcan a uno las familias tan tradicionales como la nuestra.

Las reacciones no se hicieron esperar, unos lloraban, otros no entendían qué había pasado, y la familia asumía un duelo similar al que se vive cuando alguien muere; fue un momento difícil, pero siendo sincero, ni en ese ni en este momento de mi vida, pude ni puedo entender el porqué de tanto show. En serio, puro show.

Todos de alguna manera se dieron a la tarea de sacar su propio juicio, sin pensar que la única persona en el mundo a quién debería importarle la situación era a mi hermana, la futura joven mamá. Yo, partiendo de mi ingenuidad (la que tenía a los ocho años y que seguramente aún conservo) desde el primer instante me aferré al sueño de ese ser que iba a nacer, a ese niño que sería la luz y que me daría tantas alegrías; mi corazonada no me falló y así, meses después del drama, el 29 de diciembre, llegó al mundo Juanfe, mi sobrino.

Era dia de los inocentes y mi hermana tenía control como cada mes; el médico le dijo que debían dejarla interna porque ya era hora pero ella pensó que era un chiste. Horas después saldría de su vientre la luz de sus ojos, su energía vital, una réplica de sus valores, una reencarnación de mi padre, a quien la vida se llevaría un par de meses después. Hoy por hoy creo, sin lugar a dudas, que si Juanfe no hubiese nacido antes de la muerte de mi papá, nuestra familia no hubiese sabido cómo afrontar el dolor y nuestras vidas serían totalmente diferentes.

Así, después de ese lindo 29 de diciembre en el que a las cuatro am me avisaron que ya era tío (uno de ocho añotes), Juanfe, mi hermana, mi mamá y yo, fuimos creciendo y aquí seguimos haciéndolo. En lo personal, puedo decir que más que un sobrino ha sido un hermanito, y queda claro cuando miramos nuestra niñez en la que no faltaron las peleas y mi celos absurdos. La diferencia de edades y una nueva generación nos dividió, así que yo me adelanté y crecí antes que él, con lo que también creció mi manía de regañarlo y hablarle siempre desde la verdad, con la poca o mucha experiencia y con el criterio de los valores que mi familia nos ha inculcado a los dos.

Juanfe siempre ha sido mi niño, al que debo cuidar, al que debo enseñar, al que debo mostrarle un mundo mejor, y aunque hoy cumple 16 años, y su voz galluda me dice que ya no es más un niño, para mi siempre lo será. Siempre será el niño mono y encantador que se ganaba el corazón de todo el mundo con sus carcajadas; siempre será la voz de mi conciencia, el que se preocupa cuando estoy a punto de cometer alguna locura y me frena; siempre será la nobleza, la lágrima en el ojo cuando se conmueve por los detalles más mínimos; siempre será la unión, el que hace que nuestra familia se una en amor.

Juanfe es eso eso, es amor, es alegría es bondad, es nobleza, es mal genio, es frescura, es mamar gallo, es preocuparse por los demás, es sencillez, es humildad, es deporte, es tolerancia, es amistad, es vida, es amor, es mi sobrino, es el hijo de mi hermana, es el nieto de mi mamá, y es el nieto de mi papá, ¡es una bendición! y por eso hoy, 16 años después del show, agradezco a Dios su presencia en este mundo y celebro desde mi corazón su vida, dando gracias por permitirme verlo crecer y por saber que vendrán para él las mejores cosas del mundo, porque un ser tan especial e increíble no puede merecer menos.

Las palabras nunca sobran, así que feliz cumpleaños enano.

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