Confesiones del 31




Hoy, el último día de año, lo cierro escuchando Pablo Alborán, y Bebe, y Estopa y toda esa música que uno escucha cuando siente algo en el corazón aunque no estoy seguro de que sea así. Todo me ha llevado a pensar un montón de cosas, que me ha tomado un buen tiempo traducir. Finalmente creo que tengo todo claro y puedo hablar con sinceridad.


Respecto al año que se va y al que viene, siempre siento algo que seguramente, con el riesgo de estar equivocado, yo definiría como melancolía. Iniciamos el primero de enero, con los deseos positivos, las ganas, y la necesidad de muchas cosas. El optimismo nos invade y pensamos siempre en nuevos inicios, pero a veces, la vida nos lleva por otros caminos que más bien pueden parecer un retroceso. Por eso llegué a tener la percepción de que el tiempo corrió frente a mí y yo no sé dónde tenía la cabeza.


Fue una decisión valiente acceder a aceptar cierto tipo de momentos que podrían haber resultado dolorosos. Afortunadamente, la suerte como siempre se acordó de mí y logre comprender una noción de vida básica, bonita, útil y que por ende, merece y vale la pena ser compartida. Se trata sencillamente de aceptar con amor las cosas que la vida nos ofrece porque como dice el cuento cliché de siempre: “todo pasa por una razón”.


Los planes no salen siempre como uno quiere y muchas veces sentimos que no avanzamos en ninguna dirección, ¡y es muy frustrante! Pero atendiendo a lo anterior, parto del hecho de que uno tiene que aprender a escuchar a la vida, a la gente, a las lecciones, a las señales, a todo lo que pasa a nuestro alrededor, porque cada una de esas cosas, pueden convertirse en el concreto que construye, que edifica, que permite crear algo más.


En resumen, a veces un año nuevo no se trata de abrir ciclos. Por ejemplo, mi 2015 fue todo lo contrario y puedo decir que fue un año dulce, tranquilo, suave, amable, relajado. Se trató de cerrar ciclos, de enfrentar, de aceptar, de entender, de perdonar, de pedir perdón, de madurar, de crecer  y de ponerme bonito desde adentro. Quisiera haber terminado con mucho dinero, un cuerpazo, un carro, una casa, una pareja, un viaje alrededor del mundo, un idioma nuevo o ¡qué sé yo!, todas esas cosas que resultan siendo indicadores de todo lo que logramos ante los ojos de los demás, pero no.


No, Camilo no tuvo un año exitoso y el man no se espabilo y perdió el tiempo y ¡uish!, ¡ese Camilo es una hueva! Pues… de pronto si, de pronto no. Todo tan relativo y tan distinto como el mismísimo lugar desde donde se le mire (que siempre es distinto). El caso es que, aunque sea raro reconocerlo, lo cierro con toda la tranquilidad, y el agradecimiento del mundo, porque aprendí a entender qué es lo que probablemente me haga feliz y además asimilar y forjar una creencia profunda en el hecho de que pasamos por esta vida con el único fin de crecer como personas y prepararnos para algo más allá, y claro, en el camino ser felices.


Nadie me va a quitar todo lo que aprendí en este 2015 y eso excede los límites de lo que pudo haber sido suficiente. Me quedo siendo un hombre un poquito mejor, me quedo con las sonrisas de mi gente, de mis amigos de mi familia. Me quedo con mis pequeños triunfos, mis viajes, mi grado y otros memorables acontecimientos. Me quedo con mis amores y el desamor y me quedo con la tranquilidad de ser una buena persona. Me quedo con las lecciones que aprendí, con las que me costaron lágrimas y con las que afronté con valentía. Me quedo con mis decisiones, producto de mi libertad y me quedo con mis sueños, los que se fueron, los que se transformaron y los que surgieron. Me quedo con el recuerdo de los que se fueron, con el de los que están o llegaron para quedarse, y con el de los que aparecen de vez en cuando. Me quedo con mi sonrisa intacta, con el coraje de asumirme y mostrarme siempre transparente. Me quedo con lo que soy y por eso sin lugar a dudas digo gracias.


Gracias al 2015 porque fue un año de preparatoria, de crecimiento. Por supuesto, le digo gracias a todas las personas que pasaron por este corazón o esta cabeza. Gracias a Dios que elaboró todo esto para mí y me demostró que todo tiene un tiempo perfecto. Si usted, querido amigo, lector, amante, amorcito, fan, familiar, mascota o lo que sea, lee esto, quiero que reciba con toda mi gratitud un abrazo fuerte, desde la parte más estrecha de mi corazón. Siéntase muy espichado por mis brazos y escuche el deseo de feliz año nuevo de mi parte y conmuévase conmigo.


Tal vez lo mejor del 2015, fue entender que para abrir nuevos ciclos o etapas, hay que cerrar otras. Por eso, FELIZ AÑO NUEVO.

Comentarios

Entradas populares de este blog

A la tristeza

Volví a ver el amanecer

Carta a New York