Un verdadero macho
Entre más crezco, más me doy
cuenta de que nací y fui criado en una sociedad que para ser franco me resulta
un tanto absurda (sólo por no decir estúpida).
¿Por qué pienso eso? Porque seguramente
no me ajusto y no logro entender esas reglas sociales que imponen cosas que
deberíamos pensar, acciones que deberíamos ejecutar, o ideas que deberíamos forjar.
Nací siendo hombre y por ende, he acarreado con el peso de tener que comportarme
como un macho y de la misma forma desenvolverme en un ambiente competitivo,
donde crecemos con la idea absurda en la cabeza de “no dejarnos ver la cara”.
Esto, poco y nada tiene que ver
con un tema de sexualidad o género, es más bien una crítica franca a la moral
que nos inculcan desde pequeños, pero sobre todo un punto de vista que pretende
analizar cuál es ese factor que hace a un hombre un ser ideal, o en
nuestros coloquiales términos, un macho,
ese tipo digno de respeto y admiración.
No sé si lo que pienso sea una
verdad universal, pero lo que sí entiendo, es que al menos en nuestro entorno,
en esta sociedad sí lo es.
Nos enseñan a ganar siempre y a
no perder. A hablar fuerte. A no dejarnos de nadie. A responder cuando a uno le
buscan pelea. A no dejarse colar. A no dejarnos gritar. A poner los cachos como
mecanismo de defensa. A decir mentiras piadosas. A beber. A ir a donde las
putas. A tener moza. A darse en la jeta. A pegarle a la mujer. A agarrarse con
el peatón o el piloto del otro carro que se nos atravesó. A odiar, básicamente.
Y todo eso es fácil de aprender y poner en práctica cuando crecemos y
convivimos en una sociedad que de cierta manera se acostumbró a eso y lo
aprueba.
Pero ¿realmente hacer todo eso
implica valor? ¿qué es el valor y dónde está? ¿hasta dónde entendemos la
libertad? ¿somos libres?... todas esas preguntas son complejas, porque siempre
van a haber muchos puntos de vista y argumentos disimiles. Pero yo hoy tengo el
valor de poner en este texto una opinión personal, respetuosa y franca.
Creo que el verdadero valor, la
riqueza de ese hombre o mujer, radica en su capacidad de ser humano. Se trata
del hecho de entender que no estamos solos en este mundo, que necesitamos a los
demás y que esos que vemos tan distintos son exactamente iguales a nosotros en términos
sociales. Seres llenos de virtudes y defectos, de agrado o desagrado, pero con
la necesidad y el derecho de ser respetados. En el colegio además de las tablas
de multiplicar y las muchas otras cosas que ya no recuerdo, aprendí que la
libertad de una persona termina donde comienza la de la otra y hoy me parece un
argumento irrefutable, que dicho en otras palabras se limita a lo que yo me
aferro como mi filosofía de vida, de hacer lo que uno quiera sin afectar a
nadie.
Contestarle bien a alguien cuando
le sacó la piedra o lo ofendió. Decirle decentemente a alguien que está
equivocado. Proponer su punto de vista sin imponerlo o discutir. Pelear frente
a una injusticia. Ayudar a los demás o pedir ayuda. Infundir valores positivos
a las personas que nos rodean. Disculpar a alguien que jugó con nuestro tiempo
y entender. Hablar con calma aun queriendo estrangular al interlocutor. Ser
sincero. Perdonar… Sin lugar a dudas esas y muchas otras cosas más son dignas
de admirar.
Son dignas de admirar y creo que
pocos seres humanos son dignos de tal privilegio, por el simple hecho de que en
esta sociedad, serlo es muy complicado, pero hay quienes se esfuerzan o al
menos lo entienden y eso creo que es ser un verdadero macho, ese hombre que sin
ser un súper dotado, hace uso de su inteligencia.
Seguro con más machos de verdad
este mundo sería un lugar mejor. Queda la esperanza evidente de una nueva
generación que piensa mejor.

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