Cuando me vuelva a ir
Entonces simplemente pasa. Ves a quienes celebran el amor, y
luego miras fotos y videos que te llenan la mente de recuerdos. Eso pasa,
porque los seres humanos podemos distraernos, pero difícilmente olvidar.
Siempre queda algo ajeno en ti, siempre vuelves a llorar,
siempre miras hacia atrás e irremediablemente pasa. La nostalgia no da espera.
La nostalgia hace parte de la vida, es la testigo de nuestro crecimiento. La
nostalgia es simplemente necesaria.
Mirando hacia al frente y sin conocer el panorama, solo
tengo la certeza de que en algún momento, y desde algún lugar,
irremediablemente me iré. Porque así es la vida, todo cambia, todo pasa y el
tiempo no se queda con nada ni con nadie. Nada es igual que ayer, y los pies se
hicieron para caminar. Nos moveremos, nos iremos y llegaremos, y tal vez
volveremos, pero nunca seremos los mismos.
Cuando yo me vaya, me llevaré varias maletas. Además de eso,
una cabeza atestada de recuerdos, que en la danza con la inminente incertidumbre,
alentarán los sueños y de vez en cuando, harán rodar lágrimas por mis mejillas
enrojecidas. Y se me empañarán las gafas, y recordaré una y otra vez, y
sonreiré y seguiré sintiendo esos olores, esas texturas, esas miradas, esas
palabras. Escucharé esas canciones e intentaré volver de vez en cuando a esos
lugares donde amé la vida.
Hoy por ejemplo, volví a ese primer amor. Los helados de 10
bolas, las peleas, las canciones, las serenatas, los regalos, las heridas, la
incomprensión, el egoísmo, la rabia, el amor descontrolado, la locura… volví al
afán desesperado por olvidar y entonces los ojos se me volvieron agua. Entendí
que jamás se olvida lo que se amó, entendí que todo ya pasó en el tiempo pero
no en el corazón, entendí que ya no somos dos, que no somos los mismos de
antes, que ya nos fuimos y que así es. Nos fuimos, y volvimos para hablar de
vez en cuando y recordar. Ahora me voy nuevamente, lejos, y eso también irá en
mi equipaje.
Aunque también existe el viejo truco, de depurar el
equipaje, por eso yo también decidí, llevarme lo más necesario. El tinto de mi
mamá y su exquisito sazón, las veces en que baile hasta que me dolieron los
pies, los amaneceres y los atardeceres, las lindas canciones, los abrazos a la
gente que amo, las carcajadas con mis amigos, los regaños que me hicieron
aprender, las locuras que no se cuentan, los momentos inolvidables. Eso y más
me llevo y prometo, tal vez, volver…
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