Hoy, 16 de octubre de 2014...
No va a ser un secreto para nadie que se atreva a mirarme a
los ojos, que tengo el corazón roto. Claro, la sonrisa siempre será mi carta de
presentación, un chiste va y viene, una carcajada, locuras matutinas y nocturnas
como todos los días, como todas las cosas que hacen parte de mi esencia y que
simplemente no cambian. Pero si, tengo el corazón dividido en dos partes, como
una manzana que fue mal cortada.
Duele acostarme en las noches sin poder escuchar su voz.
Duele no despertarme con una sonrisa en el rostro. Duele tomar un bus y
recordarle en cada esquina por la que solíamos caminar juntos. Duele escuchar
las canciones de los dos. Duele llegar a mi trabajo y ser muy feliz porque todo
marcha bien y no poder contárselo con la única intención de que sintiera
orgullo por mí. Duele fumarme un cigarrillo sin la complicidad de su silencio.
Duele acariciar a mi gata y ver en esos ojos azules su reflejo. Duele hablar
con la gente que siempre me va a preguntar qué pasó. Duele reconocer que fue mi
primer amor y se quedó en eso, en un recuerdo. Duele saber que el corazón no
siempre tiene la razón y que a veces la fuerza se agota.
Quise olvidar, entender, perdonar, herir, amar, odiar,
soltar, retener, amar, amar con locura y lo hice. Con o sin justificación, mi
corazón simplemente me guíó por un camino de sentimientos inconclusos, pero
nadie tiene la culpa de eso, así soy yo. Quisiera que todo hubiese sido más
sencillo para mí, quisiera no haber cedido el control absoluto de mi mente,
cuerpo y alma, quisiera regresar el tiempo y evitar todas esas cosas malas que
sucedieron y que hoy son opacadas por los buenos recuerdos. Quisiera tener la
fuerza para poder seguir teniendo su presencia en mi vida, como una amistad,
como un buen recuerdo, pero no. No puedo.
Después de una caída estrepitosa, después de mucha rabia y
muchas verdades a medias, yo creí estar bien, pero dejé la puerta abierta.
Entro nuevamente y con hermosas mentiras, con promesas falsas, con caricias y
palabras que nunca se debieron pronunciar, volví a perder el control sobre mí y
de nuevo, quedé en el mismo lugar en el que empecé. No quiero estar con nadie,
pero tampoco quiero estar sólo, le extraño, le pienso, recuerdo todo como si
hubiese sucedido la noche anterior. Me encantaría poder tener una máquina del
tiempo y regresar cuantas veces quisiera al calor de su pecho, a sus abrazos, a
las tardes de películas, a las salidas, a todas esas cosas que disfrutábamos juntos.
Sin embargo, aunque suene contradictorio, también me quiero quedar aquí.
Estoy en la línea de salida. Como en un hipódromo, soy un
caballo que espera el balazo para salir, motivado por mil cosas que a fin de
cuentas son el resultado de un proceso intenso, lleno de aprendizaje y
lecciones que me cambiaron drásticamente la concepción sobre mí y sobre
la vida misma. Debo agradecer, claro, porque si no hubiese pasado todo esto, yo
no podría ser la persona que soy en este momento. Amor hay mucho, pero entre
todo lo que viví, lo más importante fue aprender a amarme a mí mismo porque soy
la única certeza que tengo en este camino.
Si pudiera pedir un deseo, sería poder ir de visita a los
lugares donde están las cosas que amo y que se tuvieron que ir. Hablar con mi
papá, jugar una vez más con Tana y su pelotica, y salir corriendo a buscar los
besos, los abrazos, la sonrisa de ese ser que me enseñó el amor. Quiero poder
recordar con cariño, no quiero evadir el dolor, quiero llorar y desahogarme y
sufrir y dejar que las penas me consuman hasta que se cierre el ciclo. No
quiero jugar más a ser el fuerte porque no tengo nada que ganar, no quiero
llenarme de efectos secundarios la mente y el corazón, no quiero ni puedo olvidar.
Quiero dejar de amar y no regresar más, con la certeza de haber entregado todo,
de haber amado con fuerza, con valentía, con todo lo que soy.
Aunque el corazón se haya roto, sigue bombeando fuerte.
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