Desahogo
Hoy es un día triste, de esos en que no quiero nada. Lo normal
sería despertarme un par de veces en la noche, pero la verdad es que me
desperté dos veces cada hora durante toda la noche. No tuve tranquilidad ni
siquiera durmiendo, porque cuando al fin lo lograba, llegaba él, para torturarme
en mis propios sueños. Amparada por la rabia y la frustración que
inevitablemente siento, me surge un cuestionario interminable, que da vueltas
en mi cabeza como un carrusel gris, oxidado, uno en el que nadie se quiere
montar pero a mí me obligaron.
Todo está bien. La familia, el trabajo, los amigos, el
dinero, en fin, todo en orden y si algo ha tenido de bueno toda esta
experiencia ha sido el hecho de llevarme a comprender y ser más agradecido con
la vida misma. Pero, tengo una pregunta que me retumba en el pecho, ¿es odio lo
que siento? Espero que no, no quiero eso. Quiero poder liberarme de una vez por
todas pero llega otra pregunta que duele aún más, ¿me amo?, y si así fue, ¿me
extraña? ¡MIERDA! La fuerza se me fue con el último cigarrillo que me fume.
Todo me cuesta. Respirar, caminar, escuchar una canción,
caminar por un lugar, hablar sin ponerlo como tema de conversación, todo. Todo
es una mierda por su culpa, o por mi culpa, por enamorarme de una manera tan
profunda, tal real, tan intensa, tan ilusa. Yo realmente quise hasta el último
día darlo todo por amor, pero fue esa mentira, esa falta de entrega, la muestra
de su egoísmo, de su hijueputa forma de ver la vida con los guantes puestos
siempre. Es así, un hijo de puta, que amo, que extraño, que me duele en el
centro de mi pecho, y que al mismo tiempo odio, odio profundamente, que quisiera
tener en frente para agarrar a golpes, para abrazarlo y llorarlo, y preguntarle
por qué me hizo esto, por qué tuvo que ser así, por qué no se dio cuenta de que
mi amor era una vaina real.
Quisiera que leyera esto y corriera hacia mí, y se
arrodillara y me pidiera perdón, y me perdonara, porque lamentablemente en mi
pecho aún hay mucho amor, de ese que duele, que quema, que arde. Es cierto, lo
amo, y la esperanza ilusa y estúpida que siempre me ha mantenido en pie, no se
desvanece, ni siquiera con todo el daño hecho. Es una mierda, porque solo
quiero un poco de paz, solo quiero poder superar esto y no me queda más remedio
que esperar, no sé cuántas noches más, cuantas apariciones más, cuantas
lágrimas más. Solo puedo, en una salida desesperada, aferrarme a Dios y suponer
que todo va a estar bien.
Comentarios
Publicar un comentario