Vale la pena
Yo
no sabía que estaba tan momificado. Ahora entiendo que hay miles de cosas que
aún no sé, que no he visto, que no tocado, que no he olido, que no he escuchado,
que no he probado. Con su presencia se abrieron ante mis ojos las puertas del
mundo.
Recuerdo
que me recogió cerca de una estación, yo tenía miedo, estaba algo nervioso pero
a la vez estaba tranquilo, pues de tantas decepciones no esperaba nada. Abrí la
puerta del coche y me subí, gentilmente lo salude y el arrancó, y así empezó la
conversación. No sabíamos hacia donde ibamos, pero hicimos lo más
importante, arrancar.
Lo
primero que despertó fue mi olfato. Era ese olor particular, el que ahora tengo
impregnado en mi ropa y en mi piel. Es un olor dulce, suave, una extraña mezcla
entre sensualidad, dulzura, y deseo. Me inspiró desde el primer momento un
toque de protección, y eso hizo que no querer abrazarlo fuera casi imposible.
Él también estaba nervioso, lo sé porque hablaba rápido, se movía demasiado y porque sus ojos no dejaban de brillar.
Finalmente
llegamos a la puerta de mi casa, y de la forma más sincera y atrevida le dije
que no quería que se fuera aún. En ese momento fuimos cómplices y nos escapamos
otro rato, a saborear por ahí los placeres de la vida, en pocas palabras, un
rico helado de Mc Donalds fue el principio de toda la cantidad de comida
chatarra que comeríamos juntos. Sabor, el sabor llego a mi vida en la mejor
presentación.
Ese
primer día fui muy torpe, estaba completamente absorbido por su encanto y a
pesar de que era consiente de eso no pude hacer nada para actuar de una forma
natural. Incluso, confundí su nombre, y realmente eso me dio más risa que pena.
Así siguieron las cosas, pero ahora debía ser más cuidadoso. Desde el primer
día me ha obligado a ejercitar también mi memoria.
Luego
con el pasar de los días, mis sentidos se fueron agudizando aún más, y mucho
más con su caótica confesión. Yo lo presentía pero no me atrevía a sacar
conclusiones al respecto. Tal vez fue su valor, o tal vez era una verdad que no
podía esconder más, pero él decidió confesármelo: se creía melómano.
Efectivamente, el man es un melómano, que ha logrado despertar en mi un gran
gusto por la música, levantando a mis oídos de un sueño profundo. Siempre tiene
una canción para cada momento, y ver la emoción que le imprime al tema lo hace
realmente encantador.
Me
hace ser más inteligente, pues con la frustración que me provoca su cuasi
perfecto manejo del inglés, me obliga a querer aprenderlo. Además, cuando
discutimos, me pide que argumente, cosa que me pone a pensar en muchas cosas,
en mis errores, en lo que merezco, en el gran hombre que soy y así mismo en lo
inmaduro que puedo llegar a ser. Me sacó de la burbuja de cristal donde yo me
creía el centro del universo y eso me convirtió en un ser humano de carne y
hueso como debió ser desde un principio. Despertó mi sensibilidad y me puso a
hablar como un idiota, cosa que me encanta y que realmente no podría hacer con
ninguna otra persona en la faz de la tierra.
Cada
vez me acostumbro más a su presencia y cada vez me siento mejor y más
agradecido. Ha sido como una especie de colchón, de esos que son muy cómodos y
finos, porque cada vez que la vida se pone pesada y me pega cachetadas y me
tumba, el está ahí, listo para recibirme, con su olor, con sus besos de
chocolate, con su música, con sus palabras, con sus gestos, con sus
superpoderes, con su enorme corazón que ahora es mío, mío y sólo mío. Además es
el único que se atreve a lidiar con mis caprichos que no son pocos, y a la vez
me da las mejores lecciones en los momentos más oportunos.
Yo
no sabía de lo que me estaba perdiendo, y era ese millón de sensaciones de las
que ahora disfruto. Incluso mi sexto sentido se ha agudizado, mi intuición.
Aunque no sepa a donde vamos a llegar, ni cuanto tiempo vamos a estar juntos,
ni sepa cuando confiar o cuando no, y tampoco si saldremos con heridas en el
corazón o si tendremos caídas de las cuales nos levantemos, la intuición me
dice que lo estamos haciendo bien y que vale la pena seguir flotando, cantando,
riendo, oliendo, comiendo, probando, conociendo, escuchando, tocando,
sintiendo… Vale la pena seguirnos adornado. Te adoro ratón.

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