Me rindo (suspiro)


De repente ahí estaba yo, en un lugar desconocido para mi. Se había ido la paz, la tranquilidad, la sonrisa y nadie más que yo lo podía entender.  Un desvelo, una noche sin poder pegar los ojos, sin poder dejar de pensar, un asco.

Siempre he creído que cada acción tiene una consecuencia, eso es obvio. Tal vez por eso en un momento de ira y confusión pronuncié palabras que sin pensar estaba hiriendo a la persona que amo, la responsable de mis desvelos, mis sonrisas, mis dolores y de cabeza y hasta mis lágrimas. No me creo que yo haya estado llorando por alguien, pero si, muy a mi pesar, lo hice.

Y es que fue un desborde de sentimientos, como un rio que se desprendía desde mis ojos hasta las uñas de mis pies. La fragilidad se encarnó en mi y no tuve más remedio que ceder. Ahí estaba yo, rendido, colgado de su cintura como un bebé que no quiere que lo dejen solo. Pensando que había sido un completo idiota dejando ir al man de mis sueños solo porque no tuve la fuerza ni la astucia para hacerle entender. Mejor dicho, el error siempre ha sido ese, tratar de entender, lo único que debería entender es que hay amor, mucho amor.

Obviamente no basta con estar arrepentido, mucho menos cuando la culpa no está en un solo lado, pero si está la intención, la esperanza, la posibilidad, la oportunidad del cambio, y aunque no se si la tenga, la voy a comprar al precio que sea, y la voy a usar de la mejor manera. El amor no se desperdicia, menos en estos tiempos. Sigue en mi cabeza la idea de que el día en que por fin estemos juntos sea porque verdaderamente lo merecemos.

“Siempre mío, siempre tuyo, siempre nuestro”. Te amo Migue.

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