Culadas de un gafufo en un día festivo



Debo confesarles, a quienes les importe y a quienes no, que me da una pena ni la hijueputa llenarles el muro con todas mis publicaciones, que siempre están cargadas de franqueza y sentimiento, del bueno y del malo. También me disculpo por los madrazos, trato de contenerme cuando pienso que todo un periodista en proceso, que se prepara para ser supuestamente “impecable”, debería omitir ese tipo de detalles. Pero ese, para los que les interese y para los que no, es precisamente mi verraco problema, yo no puedo ser prudente, yo no puedo ser reservado, yo no me puedo quedar callado. Quisiera ser así, un princeso como algunos, lleno de palabras bonitas y un muy buen gusto, adornado por un silencio seductor, pero no, paila, yo no soy ese tipo de man, yo soy el que habla hasta por los codos.

Se me salen las palabras y las letras, y he aprendido a favorecerme de eso en momentos como este, en los que la inspiración me fluye con las bocanadas de aire que se escapan de mi nariz. Me gusta escribir, mucho, y no me pregunten por qué. Simplemente sé que lo hago, no sé qué tan bien pero al menos lo intento. Les cuento que en este justo momento, estoy puto porque se me reinició la panela que tengo por computador.

No me gustan los días grises, me emputa sobre manera levantarme por la mañana y ver las gotas de lluvia en la ventana. Eso para mí equivale a salir a la calle, con un velo negro en la cara todo el día. Yo sé que no soy el más cari bonito del mundo, pero según dicen por ahí tengo lo mío, yo creo que se refieren a la sonrisa y a los ojos inocentes que me camuflan bien. Tengo carita de yo no fui y me encanta, por eso mismo, no aguanta taparla por culpa de que a San Pedro se le ocurrió hacer chichi. Prefiero el sol.

Yo camino por ahí, con mis pantalones que siempre se rompen en la entrepierna o “la orqueta” como dice mi mamá. Un estilo muy mío que me acompaña y es mío. Me importa, sinceramente, un reverendo culo, lo que piensen los demás. Yo no me fijo, a diferencia de mis amigas heterosexuales, en el pantalón que fulanita de tal se repitió tres veces en la semana, o la suela suelta de los tenis de equis man, yo simplemente me preocupo por verme bien o al menos, sentirme bien. Me gustan mis gafitas blancas, ese es el distintivo, el punto de referencia para que cualquiera que haya visto una foto mía me pueda encontrar en cualquiera de los chusos que frecuento. Algunos dicen que me lucen y yo les creo. Me gusta mi estatura, es inconscientemente un sinónimo de elegancia y de eso sí que tengo bastante, eso creo.

Yo sigo caminando por ahí, con mi esencia y mis gafitas blancas que a pesar de que son bonitas ya no me sirven pa’ ni mierda, porque están viejas y yo cada vez más ciego. Creo que reflejo una mezcla extraña entre un man muy seguro e incluso antipático, y un payaso coquetón con un sentido del humor particular, extraño. Hay ciertos movimientos pensados, calculados, estudiados que salen bien, ya se van volviendo costumbre y eso me gusta. Soy muy libre, putamente libre, pero a la vez cuadriculado. Lo siento, sé que me leo confuso pero es la verdad, yo soy cero típico.

Me gusta la gente con alma de explorador, parecida al chinito de UP. Esos son los que se atreven a buscar respuestas en mí, conmigo y para mí. Soy descifrable a la hora de decir que soy indescifrable, en cualquier momento, de un minuto a otro, puedo cambiar de opinión y eso me hace elástico e intuitivo. Adoro las buenas charlas, los libros, las canciones cursis, los chocolates, los perros babosos, las noches, los niños con carisma, las amigas de mi mamá, el tinto con cigarrillo, las risas pegajosas, mis amigos, la comida, mi gente, etc. Tengo el corazón lleno de tantas maricadas que amo y que me da miedo en algún momento extrañar.

Mi problema o mejor, asunto por solucionar, es el hecho de ser un ser humano demasiado humano. A veces quisiera ser frío y descorazonado como alguno de los tantos cabrones que he conocido, pero no, paila, yo no puedo ser así. Creo en el Karma, es un tipejo rabón que se devuelve con toda contra uno cobrando deudas, por eso yo mejor lo dejo quieto. Soy una nenita para pelear cuando no tengo argumentos. Siempre pienso las cosas una y mil veces, multiplicando el número por diez mil, y doy vueltas en mi cerebro, buscando rincones, palabras, frases, señales, hechos, verdades y a veces vuelvo al lugar donde empecé, a la decisión inicial, a la inocencia del niño chiquito. Soy fiel a mí mismo.

Yo a veces no sé en qué se supone debería creer, sin embargo a veces creo. Por ejemplo, si desean conocer a groso modo mi adornada personalidad, consulten en google la palabra ‘sagitario’, es como un manual de instrucciones de lo que puedo venir siendo. Aventurero, indeciso, alegre, carismático, egoísta, en fin, todas esas cosas chimbas.
Ya es tarde y tengo sueño. No sé ni porque escribo tantas pendejadas pero igual, ya que. Es que el niño chiquito a veces se me escapa y le da por acudir al instinto. No se impresionen si de repente salgo corriendo a otro lugar, a otra idea a otro sitio, es mi personalidad.

Me acabo de dar cuenta que estoy buscando alguna manera de expresarme, de demostrarle a ese ser especial que está entrando de a poquitos en mi enredado corazón, a que se atiene conmigo. El sujeto en cuestión es especial porque lo único de lo que me da certeza es de que no va a salir corriendo como yo, y no va a hacer nada para que yo lo haga como ya lo hice cientos de veces. Merece mi inspiración, mi magia, mi laberinto mental, mi parque de diversiones corporal, mi montaña rusa emocional, el vacío que hasta hace un mes existía en mi corazón y que esperaba por él.


PSTD: Como dijo un sabio, “dicen que tú y yo estamos locos Lucas”.

Comentarios

Entradas populares de este blog

Volví a ver el amanecer

A la tristeza

Carta de reconciliación