Muchas gracias y hasta pronto




Las palabras bonitas sobran, esas se desvanecen con el tiempo a menos de que queden escritas, por eso preferí evitarme la llorada pública y hacerlo de esta manera.

Dicen que cada persona que pasa por tu vida, de una u otra forma, siembra algo en ti, pero tu no sólo sembraste sino que también cosechaste en mi, una visión distinta de la vida profesional, una forma de hacer las cosas, un olfato especial.

Contigo aprendí la importancia que tienen los pequeños detalles, a hacer las cosas de la mejor manera siempre, a ser más honesto, más franco, más cordial, a respetar mis cachetes rojos cuando me da pena, a expresar mejor mis ideas, a escribir un poquito – mucho -  mejor, a probar una cucharadita de algunas cosas que se avecinan en una vida laboral que apenas comienza para mi y a la que tu me introdujiste de la mejor manera.

Gracias por tus llamados de atención sutiles, por tu confianza en mí, por tu camaradería, por tu buena energía, por tus sonrisas, por tus chistes inteligentes, por tus sugerencias, por tus llamadas casuales, por lo que me enseñaste y por lo que me vas a enseñar. Tengo el agradable presentimiento de tenerte en mi vida por mucho tiempo, como esa estampita de la buena suerte, la que me lleno de las mejores herramientas.

Soy un pupilo más, eternamente agradecido. Dejas un vacío que estoy seguro nadie podrá llenar, pero lo más importante es el recuerdo y la puerta de adelante, siempre abierta.

Ya lo dije y te lo repito, ¡te quiero mucho! Será difícil, después de una año de trabajo y buena onda, acostumbrarme a que ya no me llamarás a diario a preguntarme ‘¿cómo va todo?’.

Un abrazo, mil bendiciones, sonrisas, abrazos, dulces, buenos vientos, olores ricos, sabores, colores, salud, paz, tranquilidad y todas esas cosas con las que tu decoras el mundo. ¡Hasta pronto!

Comentarios

  1. ¡Ay, Cami! Me arrancaste un trocito de alma con tus palabras. Yo también te quiero mucho. Diana

    ResponderEliminar

Publicar un comentario

Entradas populares de este blog

Volví a ver el amanecer

A la tristeza

Carta de reconciliación