Un diamante
Todo surgió como un capricho, que poco a poco se convirtió en deseo. Era una idea que necesitaba materializarse, un significado que estaba ahí, oculto y atado esperando por algo que valiera la pena…
Hace cinco años decidí tener un perro, mi mamá atendiendo a
uno de sus tantos caprichos decidió comprarme un Pincher o en otras palabras un
murciélago, una rata, un perro de juguete (por nombrar algunos de los tantos
términos que utiliza la gente para menospreciar a mis enanas de 20 cm). Mi reacción
inicialmente no fue la mejor, me opuse a tener un perro tan gay. Finalmente, al
día siguiente ya tenia su nombre y muchos planes para ese regalo que se
convirtió en uno de los mas maravillosos que me han podido dar. Tana llego un
mes después de la noticia a mi casa, era pequeña y adorable y yo la había
escogido de su camada porque tenia en su pecho negro un triangulo blanco,
además porque el primer día que la vi me orinó. Desde siempre hubo una fuerte
conexión entre nosotros, un lazo que aun se mantiene.
Poco a poco esa pequeñísima bola de pelos fue creciendo
aunque no del todo. Se convirtió en mi mejor amiga, mi juguete de 20 cm que iba
conmigo a cualquier lugar, que no se bajaba de mis piernas, que destrozaba todo
a su paso y que sin querer queriendo me sacaba del closet a eso de los 14. Ella
está y estuvo ahí con su hocico y sus orejotas durante la peor parte de mi
juventud, me refiero a esos malditos cambios hormonales y juegos de identidad
que afortunadamente ye están resueltos.
Tana es muy perra, con solo un año de edad dio a luz una
camada de cuatro cachorros, todos negros y pequeños. Al igual que cuando la
conocí había algo especial en una de ellas, su diamante blanco en el pecho y su
colita enroscada. Desde el primer día dije que ella iba a quedarse conmigo y
así fue. Hoy vivo con las dos, Tana y Dona, mis dos enanas que a pesar de su parecido
físico son radicalmente diferentes: Tana es gorda, Dona es flaca, una
independiente otra apegada, una fuerte otra débil, una cobarde otra valiente,
una manipuladora otra manipulada, una perezosa otra vital, etc. Las dos a su
manera son capaces de llenarme de sonrisas, son terapéuticas, autenticas,
extrovertidas y libres y sin querer reflejan muy bien mi personalidad, desde lo
más interno hasta lo más superficial.
Sin aventurarme en detalles ni recuerdos, que en cinco años
no son pocos, debo confesar que siempre he sabido darle el valor a la amistad,
un bien necesario en medio de un mundo que está en guerra, en un mundo
asfixiante que se lleva las sonrisas y opaca la bondad, un lugar donde al
parecer no se puede confiar, un escenario donde yo, afortunadamente conocí a
mis dos murciélagos y a una que otra persona valiosa, de esas que se convierten
en algo indispensable para ti.
Mi amiga Caro, es una
de esas cosas tan primordiales para mi, somos inseparables, confiamos, reímos,
aprendemos y lo más importante entendemos que somos seres humanos. Ella al
igual que yo tiene un mejor amigo, que aunque no tiene un triangulo blanco en
el pecho se llama Diamond (diamante en inglés), un Pitbull muy distinto a mis
dos Pincher pero con la misma función: Ser amigo. Caro y yo compartimos varios gustos, entre
tantos, los tatuajes y fue así, como en medio de una conversación encontramos
un nuevo capricho que se hizo tinta, y que esconde tras de si la unión, la
amistad, el valor de las cosas pequeñas, el brillo en la mirada de nuestros
perros y una huella que nunca nunca quisiéramos borrar. Ahora ella tiene algo
de mi y yo de ella por el resto de nuestras vidas, ahora tengo a mis perras
todo el tiempo en mi brazo izquierdo, ahora me siento más completo que antes.
El diseño fue bien pensado, el tatuaje bien planeado y finalmente llego el momento, ese día en que marcaríamos nuestros cuerpos con un símbolo. Muchas personas no le dan tanta trascendencia a esto porque no comprenden que va mucho más allá de un capricho y me tomo la molestia de escribirlo así como me tomo la molestia también de pensarlo bien y de asumir las consecuencias que esto acarrea, en una sociedad moralista y visual.
En conclusión ese par de diamantes resumen recuerdos,
palabras, el valor que le concedemos a la amistad, a la unión, a la fidelidad,
a los detalles, a la belleza, a lo estético, al amor, a la fe, a lo único, a la
luz y a esas doce patas que son parte de nuestros corazones.









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