Pensamientos no titulados



48 horas (dato aproximado) son la medida de tiempo suficiente para poder pensar. Un vacío que se extiende por cada vena, cada arteria y cada pensamiento, se coordina con la respiración y nubla de repente la mirada. Confusión, que se torna en amor, amor, que se torna en una estupidez que no es más que un espejismo de eso que nos hace sentir bien por un momento. No me enamore de nadie, simplemente me deje deslumbrar por la distracción, por esa que logro disfrazar el vacío que nunca se fue, que siempre esta ahí. (Eso pienso hoy, no se mañana).




Dos días bastan para predecir, para comprender, aún sabiendo que comprender también puede ser un acto intuitivo, como decir que no se lo que quiero, pero si lo que no quiero. ¡NO QUIERO!, dos palabras que me dan la fuerza para luchar, para saber que odio la presión, el dolor, la falsedad, la hipocresía, la injusticia, entre otros millar de demonios que están siempre alrededor, donde no se ven pero se huelen fácilmente.





No siempre se puede pretender estar bien, pero es mejor pretender estar bien que estar mal. Esto simplemente, es saber lo que no se quiere, por que estar mal, es algo que nos da miedo reconocer y aceptar; delirios existenciales que hacen una lucha interior. Si tienes dos perros, uno negro y uno blanco, y alimentas mas a uno que al otro, ¿que pasaría si estos entraran en conflicto?  Si son perros, probablemente su hocico sea la solución, así que ¿cual ganaría?





Probablemente la respuesta para todo esto que ni siquiera yo logro comprender se encuentra en un lugar que algún día conoceré.

Comentarios

Entradas populares de este blog

Volví a ver el amanecer

A la tristeza

Carta de reconciliación