Ocurrencias de una alegre noche
"yo
me encontraba en lo mejor de mi vida. Era una mujer exitosa, con una hermosa
familia, y una belleza que muchas envidiaban y muchos deseaban; en mi juventud,
gane varios certámenes de belleza, de allí mis hermosas propiedades hoteles y
casas, de los cuales yo mofaba ante mis amigos y familiares, en ese círculo de
mentiras y falsedades que se basaba solamente en la apariencia, en la
discreción, en el que dirán.
De
repente y sin previo aviso, la depresión entra a mi vida. Conocí las drogas y
el alcohol, y empecé a hacer cosas que por temor no había podido hacer, cosas
que me gustaron y me llevaron una tras otra. Mis hijos descuidados, mi cama
sucia por el sudor de las mujeres y hombres que habían estado allí, y mi dinero
era el salvavidas que me mantenía a flote, pero de repente, ese salvavidas se
rompió, y sin ver como mi cuando todo se perdió… mi familia decepcionada prefería
negarme;” mis amigos del alma”, esos por lo que yo daba la vida y con los que tenía
agradables faenas nocturnas al son de unas copas y unos cigarrillos, ni se
habían percatado de mi estado. Mi vida, resulto hecha pedazos por una sola
decisión.
Después
de ser una de las mujeres más adineradas de la ciudad, pase a formar parte de
ese inmenso grupo de invisibles, de aquellos que a donde miran, la vida les da
la espalda: hambre, miseria, violencia, deudas, hipotecas, drogas, maltrato… eso
por no contar más detalles, por no incomodar.
No
puedo negar que encontré personas maravillosas, que me ayudaron de la mejor
manera posible, y aunque estuve en la cárcel y cometí errores, nunca me vieron
como una mujer mala, solo porque su corazón les permitía mirar más allá de mi
apariencia y de los errores de mi pasado.
Finalmente,
en otra errónea decisión decidí cortarlo todo de una vez, así a mis 38 años me
suicide porque ya hasta la zorra la había perdido, y con zorra no me refiero
precisamente al instinto sexual que me invadía (aunque también lo perdí) sino a
mi instrumento de trabajo como recicladora, o mejor, como desechable,
Seguramente así le suena mejor. Además la gente también se cansa de ayudar, y
nunca serví para ser una víctima, para dejarme tener pesar”.
Después
de acabada la carcajada, me desperté de entre mi imaginación y me di cuenta que
era solamente un juego, una partida de Monopoly que no me haría ni más ni
menos, pero que si me había llevado a pensar en el sistema, esa cosa que para
mí no es objeto de revolución, tampoco de crítica, pero que en realidad, si es
un juego, hecho para los inteligentes, para los astutos, para los que no se
quedan con los brazos cruzados esperando a recibir…
Estas
son algunas de las enseñanza que se pueden obtener de esas noche frías de
licor, cigarrillos y juegos de mesa, esas cosas que inexplicablemente, cambian
un pedacito de esa forma de pensar, que entre burla y risa me hacen
cuestionarme, de esas cosas que me llevan a crear estor videos que tanto me
encantan.
“Me
retiro de esta partida, por que jugar por caridad no es negocio.”
Camilo
Ramírez Hurtado

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