Lapso
Creo que estoy muerto hace un par de días, no lo sé bien porque aquí no hay tiempo ni espacio, no lo puedo controlar.
Recuerdo que discutimos, quería golpearte pero recordé ese episodio de mi pasado y no lo quise repetir. Me deslice entre la noche fría y me fui de la casa. Tomé las llaves de esa chatarra y acelere sin control, quería llegar a un lugar donde solo pudiera escuchar mi respiración. En mi afán no quise detenerme y pasó lo que tenía que pasar.
La habitación de ese puto hospital era un asco, escuchaba como la gente se moría a mi alrededor y yo no podía hacer nada, estaba ahí inerte, respirando por culpa de esas malditas máquinas que me sostenían y me hacían el favor de funcionar para que yo viviera, o bueno, el pedazo de cuerpo que quedaba de mí. Llegabas llorando cada día, durante ese mes, pero sé que te cansaste, estabas tan mamada como yo.
Siempre fui un egoísta de mierda, ya quería despertarme y largarme de una vez por todas de esa cama que me daba asco, o en su defecto morirme y ya, que sufrieran los que se quedaban acá. Al fin y al cabo desde siempre pensé que éramos solo un pedazo de carne que se iba entre el fuego o el hambre de los gusanos. Pero estando ahí, como un castigo durante tanto tiempo me percate de cuanto puede un hombre llegar a amar.
Llegabas temprano en la mañana, a veces, cuando tenías que ir a hacer alguna diligencia o cuando sentías que debías ducharte al menos. La mayor parte del tiempo estabas ahí y me daba mucho pesar verte recostada en el sofá, nerviosa, impotente, tan frágil y todo por mi culpa, por mi egoísmo, porque yo no quería que ese bebé llegara ahora.
Si pudiera regresar y hacer una cosa en la vida sería pedirte perdón y decirte con la mirada que sí, que yo también te amo, pero como no puedo me quedaré con las ganas y seguiré así, siendo tu sombra y viendo como lloras cada vez que me recuerdas, cuando acaricias esa barriga de donde pronto brotará un bebe, mi hijo.

Comentarios
Publicar un comentario